Es interesante, o mejor dicho importante, hacer una pausa en medio de este sistema obstruido y abarrotado de consumismo, situación que a la vez se traduce en contaminación, pues si bien todos los días nos hacen oír en determinados medios de comunicación sobre el cambio climático o la necesidad de reciclar, no precisamente escuchamos, y es aquí donde radica, considero, el problema en el cual se sumerge el mundo entero, o quizá es mejor decir, el problema en el cual sumergimos los seres humanos al mundo.
El ser humano se ha convertido en una maquina cuyo pensamiento, en la mayoría de casos, no le permite pensar en otra cosa que no sea: obtener, consumir y desechar. Nuestra sociedad actual se ha convertido en una maquina gigantesca que no hace otra cosa más que producirse su propio mal irreparable, es increíble la cantidad de información que nos arroja datos impresionantes sobre contaminación y daños en general al ambiente, y sin embargo hacemos caso omiso, pensamos que talvez mañana sea tiempo de “hacer algo”, sin saber que muchas veces ese mañana puede ser demasiado tarde.
Me pareció relevante el análisis que hace el autor del artículo“desechando lo desechable”, donde habla de cómo hace unos años las cosas tenían un valor diferente, como se valoraba su uso y como se trababan de conservar, algo contrario sucede en la actualidad, donde y aunque no lo queramos aceptar, estamos esperando que el aparato que tengamos de señales de imperfección para sustituirlo, hasta por uno mejor.
Los medios de comunicación es esta crisis mundial, pues esto es verdaderamente lo que es, cumplen un papel aterrador. Día a día nos contaminan con cientos de anuncios que no pretenden otra cosa más que alimentar esa conciencia consumista que se nos ha ido impregnado en nuestro diario vivir, donde solo nos muestran la parte que a ellos y a sus empresas millonarias les beneficia y no realmente el daño ambiental de sus procesos. Tal como lo muestran en el video “la historia de las cosas” lo demás ocurre fuera de nuestro campo visual.
El cambio climático a muchos ya ni los asusta, la tala irracional de arboles mucho menos, parecen personas cuyo corazón fue reemplazado por un “chip”, cuya funcionalidad se limita a sentir cuando quiera y a actuar inhumanamente la mayoría del tiempo.
Tal es la destrucción que le causamos al planeta que hasta nosotros mismos estamos irreconocibles, nuestra satisfacción máxima ya no es colectiva, ahora más que nunca somos “seres” individualistas, cuyo único fin se transformó en la máxima adquisición de bienes materiales dejando por un lado, junto a la basura, la esencia propia que nos caracterizó en algún momento: “en esta civilización, donde las cosas importan cada vez mas y las personas cada vez menos, los fines han sido secuestrados por los medios: las cosas te compran, el automóvil te maneja, la computadora te programa, la TV te ve”. En la anterior cita Eduardo Galeano, al menos a mi parecer, se explica perfectamente nuestro fenómeno actual; ya no somos nosotros quienes manejamos los medios, son éstos quienes nos manejan en un afán por extraer hasta el ultimo poquito de solidaridad y amor por nuestro alrededor.
Ya es hora, no de que nos demos cuenta de que el mundo corre peligro, sino de que despertemos de nuestro mundo de ilusiones, pues podemos despertar cuando este, el mundo “real” ya no quiera ni pueda soportarnos, cuando se agote y no tengamos a quien sobreexplotar más que a nosotros mismos. No esperemos hasta que eso suceda, no seamos egoístas y acaparadores, dejémosle a nuestras nuevas generaciones las maravillas de las cuales todavía disfrutamos y no dejemos de trabajar por el bien colectivo, aunque en algunos este sentimiento se haya perdido ya hace mucho.
Jennifer Valverde Fallas- B06497